Recogemos en este blog un post de Asier Gallastegi en su espacio web:

Hace unos días participamos en un taller de Virginia Imaz organizado porFundación EDE dentro de la propuesta “Innovación y creatividad”; “Vivir para contarlo: los cuentos en nuestra practica profesional”


Emborrone unos cuantos folios. Todo cuadraba y era importante. Comparto con vosotras algunas de estas ideas. No son mías, yo solo escribo las letras que unen a una con la otra e intento no aportar demasiado por si pierden la fuerza que tienen.

Contar cuentos… ¿para qué?

Antes íbamos a misa, antes las personas mayores contaban, las tribus tenían sus foros, tras la comida sobremesas, momentos en las fiestas,…

Cuando contamos cuentos, nos contamos, nos expresamos, nos liberamos,… Son profundamente terapéuticos. Una buena historia nos ayuda a encantar, “encuentar”.

Una consigna que apunta a conectar con nuestras necesidades antes de narrar: cuenta lo que tu necesitas, no lo que crees que necesitan.

Podemos contar nuestro cuento, cambiar el cuento, construir un nuevo cuento. Inventar es ficcionalizar para cambiar. Una manera de mirar al futuro y dibujar como Julio Verne en “Viaje a la luna”.

Relaciones significativas

Un profesional no puede competir con una persona significativa para la otra persona; terapeuta, profesor/a, aita, ama,.. Están en éxtasis y beben de tus gestos y tu manera de entender el mundo

Una voz, una persona. Mostrarnos como gente, que nos tocareis el corazón. Acompañar en la búsqueda de una voz propia y contarnos mi historia.

Un cuento con viaje

“Hay que querer al hermanito” Los mensajes “correctos políticamente” (y aquí me acuerdo de aquellos dos libros de James Finn Garner) son la negación del viaje, en el cuento no pasa nada, son puro adoctrinamiento. El protagonista hace un viaje. Es el que aprende, el que termina diferente.

Los cuentos que cuentan tu historia los vuelves a pedir.

A veces huimos de los cuentos clásicos porque creemos que refuerzan valores “conservadores” y sin embargo apuntan a ideas clave. Un ejemplo es el personaje de la Princesa; niña, mujer en transito de ser soberana (poder interno) de si misma.

Mentiras

Trabajamos desde las mentiras que nos contaron de pequeños. La propuesta era; cambiemos unas mentiras por otras.  (Virginia compartió un cuento “Colección de mentiras ilustradas”).

“Con 7 años hay que poner un huevo”. Y de estas de todos los tamaños y colores. En la clave de los enfoques narrativos/constructivistas, como trabajamos desde PNL,… Si todo son creencias para que quedarnos con las limitantes, construyamos nuevas más liberadoras.

Ante los posibles miedos escénicos

Un buen lugar es pensar en algo asi como; “A ver si puedo devolver algo de lo que recibí. No me examino ni examino al publico. Conectamos con el aquí y ahora. Una mentira que nos suene resonar es “no me lo merezco”. Estoy a salvo, este es el mejor sitio posible, va a salir perfecto, no puedo ser mejor… Rebajo el nivel de autoexigencia, doy espacio a la creatividad, yo me merezco esto.

Nos han educado en la medida emocional. En el arte… ¿cómo comparas? “¿Melocotón o plátano? Entrenarnos para sabernos y reconocernos únicos. Soy muy pequeño y no soy como aquel” vs “Ya esta hecho y soy adecuado”.

Inspiración es dejar que nos llegue el mundo, la voz, el miedo es una manera de robarnos el aliento. Nos cerramos para que no llegue lo que amenaza, me pierdo lo bueno.

Cuando tu respiras no estas quitado nada a nadie. Inspiramos y el resto se abre para recibir. En la expiración soltamos lo que somos/ donde estamos. El aliento viene con la emoción de base y lo de ese día.

Cada uno tiene su aliento y hay un momento en el que cada grupo sale respirando a la vez. El arte puede resolver.

Por cierto. A los ppts les falta aliento.

Algunas referencias:

Virginia escribe en la revista Artez de manera periodica

Nos recomendo un par de libros de la colección

http://www.palabrasdelcandil.com/

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